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En bandolera

Salvo la corrupción y su hermana la impunidad, pocas cosas dañan tanto a un país como la arrabalización institucional, aunque ambas van de la mano.

¿En qué momento, jugando a ser una democracia, pasó la sociedad dominicana a ser una fauna coronada de aplaudidos y mediáticos especímenes?

Cómo pudo ocurrir que, de la falta de libertad de una dictadura, bastaron 40 años para pasar al libertinaje más generalizado, a la absoluta libertad de difamación, la democratización del robo y del insulto. El imperialismo del mal gusto reinando… y democráticamente.

Vayamos a los hechos.

Una vez más, un gobierno está enfrascado en registrar las  motocicletas que circulan en el país, y son el instrumento por excelencia para asaltar a los ciudadanos en las calles, (lo de ejecutar ciudadanos desde ellas ya viene en camino), lo que debería bastar para hacerlo, o sea, para registrarlas. Pero no.

Desde inicio de siglo, la inmensa mayoría de las motocicletas que transitan en el país no están registradas… y todos los gobiernos, desde el de Mejía a este de Abinader, pasando por los del PLD de Leonel Fernández (2004- 2012) y Danilo Medina (2012-2020)  siempre lo ha sabido.  Son expresiones del mismo caos arrabalero.

Aquí, a las élites no se les aplican las leyes porque para algo son las élites, y a los más pobres -si son violentos de vocación terrorista- tampoco se les aplican por ser “padres de la familia”. Pero vamos partes, como Jack.

¿Por qué a pesar de la existencia de una ley de Medio ambiente y contaminación sónica, los bares y colmadones intranquilizar a todo un sector (Arroyo Hondo, por ejemplo), o por qué un señor de reflujo trujillista puede cerrar el acceso a las calles que llevan a su residencia con el apoyo de unos solícitos regidores? Porque con una Policía Nacional más cómplice que la novia de un narcotraficante, el Estado Dominicano ha perdido la capacidad de respetar y hacer respetar las leyes que lo rigen, con la única excepción de quienes no pueden dañarlo por no ser ni poderosos (como las élites), ni  muchísimos ni violentos de vocación terrorista como “los padres de familia”, lo que significa que, a pesar de ser la profesora Yolanda Ortiz una santa, los demás apenas somos unos hijos de la gran p….”,  Hijos de  La Gran Parada de Radhamés  Peña en la Presidente Billini de Baní, casi al lado de la Joyería Melo, a metros del colmado de Bototón, y muy cerca de El Bosque, con Papi Sazón Bernabel en la cocina. ¡No te jode!

Jorge Luis Borges advertía que la democracia es el abuso de las estadísticas, pero en verdad, en nuestra democracia,de lo que han abusado los gobiernos ha sido de la paciencia del ciudadano común de la amplia clase media, miembro de alcurnia y abolengo del Club de los Pendejos.

El porte ilegal de armas, el manejo de una motocicleta sin registro, el colmadón como centro del bullicio barrial y de cosas peores, son la expresión de un país que institucionalmente anda como el corazón de Adamo…  en bandolera.

Ahora, repleto de buenas intenciones, el gobierno pretende romper el circulo vicioso que aquí estamos denunciando.

Solo el tiempo dirá sí el hijo del Dr. Abinader y marido de Raquel logrará el milagro; si podrá, cual Sabina, pasar de las palabras a los hechos, que tanto cito. Y sobre todo, si se negará a intercambiar arrabalización por gobernabilidadcomo todos los anteriores.

El Covid lo demostró, Voltaire está desactualizado: ya ni sufriendo aprenden los pueblos…. ¡Ya amanecerá algún día!

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor general y conductor del programa McKINNEY: La Entrevista. Sábados 11:00 p.m. para Color Visión. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809-321-8146 (móvil).

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