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Palabras mayores

Y aquí estamos otra vez, como don Mario Benedetti, “consternados, rabiosos, aunque la muerte sea uno de esos absurdos previsibles”.

Así andamos, indignados y llorosos en las redes sociales, en la iglesia y en el bar de la esquina, tocando el fondo de una situación de vulnerabilidad y miedo realmente insoportables.

Un miedo que no sabemos si es mayor cuando nos atraca un delincuente, o cuando nos detiene un agente de la Policía que, vistos los hechos, podría tener vocación homicida, porque ingresó a las filas de la institución sin un minucioso examen psiquiátrico, y no es capaz de contener su ira, de manejar sus frustraciones, de soportar los fracasos, duros golpes que a todos nos da la vida.

Pasan los años, se repiten las tragedias, se teoriza en las tertulias, se comisiona a comisiones para que, ya comisionadas  aporten -en comisión- unas jodidas soluciones que luego por falta de voluntad política -y por beneficio político electoral a corto plazo- no serán aplicadas, y otra vez se riza el rizo.  Hagan memoria. Repasen pasados gobiernos.

Las palabras sin hechos no son nada. Y si las leyes sin aplicación son apenas malas palabras, entonces, ¡qué vulgares han sido los gobiernos de nuestra democracia en pañales desde 1978 hasta ayer!

La más verificable situación de caos y arrabalización institucional la tenemos los dominicanos en las calles de prácticamente todo el país; atrapados en la anarquía más impune y celebrada de Sonatas grises y motoconchos sin placas, y niñatos “bien” en buenos carros y malos pasos.

El tránsito de nuestro país es un hormiguero patea’o, que de Buenos Aires decía don Atahualpa Yupanqui, y lo es, no por falta de educación, sino por falta de represión, por la no aplicación de un bendito régimen de consecuencias.

El mismo patán que transita en vía contraria, sin licencia ni seguro, es un caballero inglés al conducir por las calles de Madrid o Nueva York.

¡Cuántas veces vamos a decirlo!

¡Qué tiene ocurrir para que lo entendamos!

Sin garras, las leyes son mentiras y la civilización peligra.

A las autoridades competentes -y sobre todo a la incompetentes- vuelve uno a advertirles lo mil veces advertido en los últimos 30 años:

Cada día son más -y así lo reflejan todas las encuestas- los dominicanos dispuestos a cambiar libertad por orden. Democracia  por dictadura.

¡Y esas sí que son palabras mayores!

pablomckinney

Periodista y escritor. Columnista. Productor y conductor en radio y televisión. Desde 1997 preside una firma consultora en comunicación estratégica. Contacto: 809 683-2208 (oficina) 809 321 8146 (móvil).

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